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Maldita y dulce melancolía

Ausente en tu ausencia.

Hoy hice callar a todos los violines,
es por su sonido que me enamora.

Hoy me ausenté
de tu extraño comportamiento.
Sabes utilizar bien las palabras,
utilizarlas como dardos
que apuñalan el corazón.

Pude oler las rosas que tú
las espinas decidiste cortar.

Hoy con tales heridas
escribo con las manos
ensangrentadas.

Maldita y dulce melancolía.


¡Qué vuelvan los violines
a tocar al atardecer!

27 de julio de 2015
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